Ningún Patito (2025 - ongoing)
_edited.jpg)
En 1889, tres fabricantes de fósforos se unieron bajo un mismo nombre. La primera caja que salió de la máquina tenía 222 fósforos en lugar de 220. Alguien miró ese número y vio tres patitos en fila. Lo que debió corregirse se convirtió en nombre, y el nombre se convirtió en marca, y la marca se convirtió en parte del paisaje cotidiano argentino. Más de cien años después, ese mismo nombre fue elegido para bautizar un plan económico de ajuste. Y una caja comprada en un almacén cualquiera resultó tener 225 fósforos adentro, no 222.
Ningún Patito parte de esas coincidencias, o de esa acumulación de errores que el tiempo convierte en símbolo, para preguntarse algo más amplio: ¿cómo distinguimos un mito de un hecho? ¿Y un hecho de una mentira bien construida? ¿Qué hace que algo parezca verdadero, y qué pasa cuando esa apariencia es suficiente?
La instalación propone tres lecturas de una misma historia. La caja del mito cuenta el origen fabular de la marca, ese accidente industrial que se volvió símbolo popular. La caja de la verdad reúne registros verificados pero absurdos: noticias reales, datos reales, una realidad que cuesta creer pero que puede comprobarse. La caja de la post verdad construye una narrativa fabricada con las herramientas disponibles hoy para cualquier persona con un dispositivo conectado a internet, imágenes generadas por inteligencia artificial, un noticiero sintético, una conspiración que podría circular mañana en un grupo de WhatsApp.
Las tres cajas existen también en la calle. Doce cajas de fósforos Tres Patitos intervenidas fueron distribuidas por la ciudad. Cada una contiene una pregunta. Las respuestas del público se acumulan en un archivo colectivo que alimenta la obra en tiempo real, incorporando nuevas voces, nuevas versiones, nuevas lecturas de lo que es verdad y lo que no.
Ningún Patito tiene la respuesta.
Hacé clic en una de las cajas de abajo para explorar nuestra biblioteca viva.


