
El título Pecera para uno evoca la metáfora del pez en su pecera, un espacio a la vez confinado y vital. Este símbolo se amplía en la obra para reflexionar sobre los "no lugares" de la contemporaneidad, descritos por Marc Augé, y las presiones de la "sociedad del cansancio " de Byung-Chul Han. La instalación invita al público a hacer una pausa en el caos urbano, un momento de desaceleración para encontrar el equilibrio y volver a conectar con uno mismo y con los demás.
La obra se construye en dos momentos distintos pero interconectados. El primero es el momento de la recogida, en el que los códigos QR repartidos por los "no lugares" invitan al público a compartir mensajes de voz en respuesta a preguntas reflexivas. Este gesto convierte a los visitantes en cocreadores, estableciendo un diálogo entre individualidad y colectividad. En un segundo momento, las voces recogidas conforman un paisaje sonoro que, junto con sonidos acuáticos y otros elementos rituales, crea un espacio inmersivo para la escucha y la introspección.
Pecera para uno explora las dualidades entre el aislamiento y la conexión, lo cotidiano y lo ritual, lo privado y lo público. Estos elementos ponen de relieve la adaptabilidad y la necesidad de espacios significativos en un mundo cada vez más urbanizado e impersonal. Más que una experiencia estética, la obra es una invitación a repensar nuestras relaciones con el espacio, el tiempo y la comunidad.
The title Fishbowl for One evokes the metaphor of the fish in its tank, a space that is both confined and vital. This symbol is extended in the work to reflect on the “non-places” of contemporaneity, described by Marc Augé, and the pressures of Byung-Chul Han's “society of fatigue”. The installation invites the public to pause in the urban chaos, a moment of slowing down to find balance and reconnect with oneself and others.
The work is constructed in two distinct but interconnected moments. The first is the moment of collection, in which QR codes scattered throughout the “non-places” invite the public to share voice messages in response to thoughtful questions. This gesture turns visitors into co-creators, establishing a dialogue between individuality and collectivity. In a second moment, the collected voices form a soundscape that, together with aquatic sounds and other ritual elements, creates an immersive space for listening and introspection.
Fishbowl for One explores the dualities between isolation and connection, the everyday and the ritual, the private and the public. These elements highlight adaptability and the need for meaningful spaces in an increasingly urbanized and impersonal world. More than an aesthetic experience, the work is an invitation to rethink our relationships with space, time and community.